EDUCACIÓN Y SENSATEZ

La educación, al menos desde que el gran pedagogo Sócrates intentara alcanzar la sabiduría provocando partos entre sus discípulos y detractores, siempre se ha producido por la interacción entre los seres humanos, por el encuentro del sabio con el ignorante, del instruido con el inculto, del versado con el iletrado, o, en resumen, del maestro con el alumno.

martes, 26 de junio de 2018

“Tus alumnos te recordarán por ser quien eres”



“Tus alumnos te recordarán por ser quien eres, no por lo que sabes”. He leído cientos de veces esta frase. Es una de esas “frases hechas” que aparecen de forma recurrente en las redes sociales. No criticaré la frase en cuestión, pues creo que es verdadera. Lo que me preocupa es que esa frase se usa como un eslogan para desprestigiar el conocimiento. Como tantos y tantos pensamientos efímeros que pueblan las redes sociales. Desgranemos el sentido de la frase… 

Creo que “ser buena persona” o “gustar a los alumnos” no está reñido con “saber mucho”, imagino que todos estaremos de acuerdo. Sin embargo, creo que si un profesor no conoce mucho lo que enseña, da igual lo buena persona que sea, pues difícilmente logrará enseñar lo que no sabe... Y, en ese caso, mejor que se dedique a otra cosa. Porque un profesor que no enseña es un fraude para los padres que depositan en él la confianza. Y para los alumnos. Y, además, es un lastre para los compañeros de trabajo… Y es que no pasa nada por decir que la primera cualidad del profesor es que conoce y ama su materia. Además, cualquier profesor que intenta trabajar con profesionalidad es buen profesor, pues ya es honesto. Y creo que ser un buen profesor predispone a ese buen profesor a ser una  persona mejor, pues cualquier persona que procura realizar con profesionalidad y honestidad su trabajo, está siendo una buena persona, aunque no sea empática... Pero como hoy en día nos venden que el profesor tiene que “parecer” un tipo “guay”, “molón”, y que debe aunar en sí mismo todas las cualidades de la perfecta “inteligencia emocional” (todo eso de “asertivo-empático-simpático”,…), no parece que lo esencial, que es enseñar, sea importante… A todos los que empiezan a dar clase me gustaría decirles: que no os engañen, intentar “gustar” a los alumnos es una malísima estrategia para ser profesor, la peor posible… 

He repetido varias veces en este blog que la principal misión de un profesor es enseñar. Y se enseñan unos contenidos, es decir, unos conocimientos. Afirmar eso no es “ser un insensible” ni implica “despreciar las emociones” de nadie. Tampoco implica ser un “perezoso que no quiere salir de su zona de confort”, ni nada por el estilo. Tampoco es ser “mala persona”, en ningún sentido del término, ni un devorador de las emociones de los niños... Pensar de ese modo no está de moda y está desprestigiado: ese es el único problema de ser profesor y defender el conocimiento. Porque humildemente, considero que es de elemental sentido común afirmar que la primera misión de un profesor consiste en enseñar… Pero, como decía, poner el foco en los “contenidos” y “conocimientos” no implica “despreciar” a la persona a la que se enseña. Más bien implica lo contrario.

Y, para seguir profundizando, también he escrito cientos de veces lo siguiente: considero que todo profesor tiene que ser consciente de que es un modelo para sus alumnos. Es decir, que educa con su presencia en el aula, por el simple hecho de ser profesor. Educa incluso aunque no haya planificado ningún apartado en su asignatura sobre educación emocional ni haya concretado los valores que quiere transmitir por medio de lo que enseña… Educa “sin querer”. Porque, sea o no consciente de que es un modelo para los alumnos, el profesor lo es. Sin embargo, no creo que el profesor deba buscar “ser un modelo”. De hecho, creo que tampoco debe buscar “ser amado”, ni “venerado”, ni “llevarse super bien con los alumnos”, ni simplemente ser “recordado” por sus alumnos. Si ocurre todo eso, fantástico. Pero si no ocurre, igualmente fantástico. 

Y creo que es aquí donde hay que contextualizar la frase con la que he empezado este post: se puede planificar qué y cómo enseñar. Pero, para bien o para mal, las convicciones morales o personales no se planifican: se viven, si es que se tienen... Y si no se tienen, no se viven. Y si no se viven, resulta imposible transmitirlas… Es decir: el profesor transmite unos conocimientos. Pero su responsabilidad es tan grande, que también transmite unos principios, valores y convicciones. Sin embargo, y para que nos entendamos, cuanto menos piensa en esos valores, principios y convicciones, con más fuerza los transmite. Pues los principios, valores y convicciones se transmiten con la propia vida, con la vida de cada persona con nombre y apellidos, no por medio de los métodos, ni de los contenidos, ni de las instituciones, ni de los planes educativos o formativos, ni de los discursos, ni de los valores,... 

Así que, en conclusión, creo que ser recordado es algo que generalmente llega después del trabajo bien hecho. Aunque es bueno saber que muchas veces, tras el trabajo bien hecho jamás llega el reconocimiento… Pero llegue o no llegue, el profesor que trabaja bien ya ha cumplido con el cometido de ser un buen modelo para sus alumnos. Porque un profesor que se centra en enseñar su materia lo mejor posible, pondrá todos los medios para intentar ser justo, sincero, trabajador, puntual, honesto, ordenado,… Pondrá sus conocimientos al servicio de sus alumnos y se esmerará en preparar las clases, y en pensar el mejor modo de transmitir lo que desea enseñar, aunque se equivoque mil veces. Incluso innovará sin plantearse que está innovando… Y es probable que una personalidad así genere confianza en las personas a quienes honestamente intenta enseñar. Es decir,  transmitirá lo que vive sin necesidad de llenarse la boca con los sobrevalorados valores… Y entonces estará en disposición de ayudar también personalmente (desde su condición de profesor) a quienes se le acerquen. Y así es como se forja un modelo de conducta que no busca “gustar” ni ser aplaudido: por medio de la profesionalidad y de la excelencia (y coherencia) personal, no del buenrollismo narcisista…

Porque estoy de acuerdo: “Tus alumnos te recordarán por ser quien eres”. Sin embargo, creo que esta frase, expresada así, no necesita ningún añadido ni matiz: ya está completa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario