No me gusta comentar la
actualidad, pero un ejemplo ayuda a razonar. Porque se destapa un caso
clamoroso de problemas en la escuela, y volvemos a echarnos las manos a la
cabeza, a compadecernos en la distancia. Pero no cambiamos nada, sólo manifestamos
cómodamente nuestro pesar en las redes sociales. Y, sobretodo, señalamos
culpables gratuitamente sin saber nada.
Es evidente que los padres no son
culpables. Lo que me preocupa son otras cosas:
1. Que el niño no fuese capaz de
tener esa confianza para explicar claramente a sus padres (o a alguien) cuál
era su problema. No culpo a los padres, y es evidente tras leer el texto que se
querían mutuamente. Sólo señalo un problema.
2. Que, como he leído en las
noticias (en ellas me baso), el niño diera muestras de que algo iba mal y los
padres no tuvieran las herramientas para actuar o no supieran cómo hacerlo.
Pues, al acudir al colegio al ver los síntomas, ellos no les ayudaron.
3. Que aún no sepamos
exactamente, ni nosotros ni sus padres, qué le ocurría al niño en el colegio:
¿Acoso escolar? ¿Indiferencia o abandono por parte de sus compañeros? ¿Malos
tratos? ¿Abuso por parte de profesores, en cualquier sentido, aunque sólo fuera
verbal?
4. Que nadie sea capaz de asumir
su culpa, sabiendo que, si Diego llegó a suicidarse por no soportar una
situación, es que alguien actuó mal.
Creo que esos cuatro puntos se
resumen en una palabra: deshumanización. Y el problema es cómo hemos llegado a
eso. Es la misma deshumanización que nos llevará a olvidar a Diego cuando deje
de ser un titular. Podría explicar en este blog varios casos de acoso laboral.
Pero, como las víctimas son adultos y eso no vende, nunca serán noticia, y
seguirán en el anonimato intentando rehacer sus vidas, y nadie se solidarizará
con ellos públicamente. Y me sorprende leer mensajes de personas a las que conozco y
que han tratado muy mal a otras, incluso clamorosamente, y se rasguan las
vestiduras en las redes sociales mostrando su solidaridad con Diego. Eso es
buenismo o hipocresía, no humanidad.
Porque, volviendo al inicio de
este blog, “si quieres cambiar el mundo,
cámbiate a ti mismo”. No podemos arreglar lo que le ha ocurrido a Diego, ni
podemos consolar a sus padres. Pero sí podemos pensar a cuántas personas hemos
tratado mal, con cuántos hemos sido indiferentes, a cuántos hemos dejado solos.
Sí podemos acercarnos a ellos y pedir perdón, dejando a un lado nuestro
orgullo, y restituyendo si es posible el mal que hemos hecho. Sí que podemos
recuperar esa humanidad perdida.



